Rosario Central protagonizó un clásico electrizante frente a Newell’s Old Boys, que terminó igualado 3-3 en el predio de Arroyo Seco, por la fecha 10 del Torneo Proyección Apertura 2026.
El predio de Arroyo Seco fue el escenario de un Clásico de Reserva que quedará grabado por mucho tiempo en la memoria de los presentes. En una mañana cargada de tensión y fútbol de alto vuelo, Rosario Central y Newell’s Old Boys regalaron un espectáculo frenético que terminó en un vibrante 3-3, demostrando que el futuro del fútbol rosarino tiene el carácter intacto.
El Canalla salió decidido a imponer condiciones desde el arranque. En los primeros minutos generó dos situaciones claras: primero con un remate de Marcelo Cabrera dentro del área que terminó en córner, y luego con una gran jugada individual de Giovanni Cantizano que exigió al arquero rival. La intención auriazul era clara: atacar desde el inicio.
Sin embargo, fue la visita la que golpeó primero. A los 20 minutos del primer tiempo, Valentino Acuña definió tras una asistencia de Joaquín Amadio y puso en ventaja a Newell’s, aprovechando una de las primeras aproximaciones claras.
La reacción de Central no tardó en llegar. Promediando la primera mitad, Kevin Gutiérrez conectó de cabeza un centro desde la izquierda y marcó el empate, devolviendo el equilibrio al marcador en un partido que ya se jugaba con intensidad de clásico.
En el complemento, el trámite mantuvo el ritmo frenético. Newell’s volvió a adelantarse en el marcador en el inicio de la segunda parte, cuando Thomas Ríos apareció por el segundo palo para definir y establecer el 2-1 parcial.
Lejos de resignarse, el Canalla volvió a responder y sostuvo la presión ofensiva durante todo el encuentro. En una ráfaga de diez minutos, Marcelo Cabrera igualó las acciones y, poco después, Thiago Ponce desató la locura con una definición cruzada que parecía sentenciar el clásico a favor del local.
Cuando el reloj marcaba el tiempo de descuento y Rosario Central ya saboreaba la victoria, llegó el drama final. En la última pelota de la mañana, un tiro de esquina perfectamente ejecutado encontró la cabeza de Alan Mereles. El defensor leproso saltó más que todos y clavó el balón contra el palo, sellando un 3-3 definitivo que dejó a ambos con sensaciones encontradas: el orgullo de no haber bajado los brazos y la espina de no haber podido quedarse con el premio mayor

